Para los niños pequeños, gran parte de la aventura comienza con lo que tienen a su alrededor y a su alcance. Un reflejo que observar, un material que transformar, un objeto que mover, una pendiente que subir, una luz que cambia al colocar algo sobre ella… El entorno abre posibilidades de exploración que cada niño puede aprovechar a su manera.
Preparar distintos espacios permite multiplicar estas posibilidades: explorar libremente, experimentar con los materiales y la luz, descubrir lo que el propio cuerpo puede hacer, crear con los demás y también buscar la cercanía de una persona adulta cuando se necesita.