Al principio, el mundo por explorar cabe en unos pocos metros cuadrados. Luego el bebé se gira, estira la mano, se desplaza… y su terreno de descubrimiento crece con él.
En el enfoque Montessori, el Nido es un entorno preparado para evolucionar con las capacidades del niño y ampliar progresivamente su espacio de exploración.
Primero observar, escuchar y coger lo que está cerca; después, ir a buscar un objeto, desplazarse para alcanzarlo y explorar más lejos. Las alfombras, los espejos, los móviles, los objetos sensoriales, las cestas de descubrimiento y los primeros materiales de manipulación permiten adaptar las propuestas a medida que avanza el desarrollo.