
Juego de tablero de la selva: aprender jugando
El juego es fundamental en el desarrollo del niño. Permite explorar, moverse, imaginar, hablar, cooperar y comprender el mundo que le rodea.
Con un simple tablero de juego sobre los animales de la selva, se pueden realizar muchas actividades. El niño tira el dado, avanza su peón, hace mímica de un animal, imita su sonido, responde a una adivinanza u observa una figura. En cada turno, aprende sin darse cuenta.
Esta actividad invita a descubrir los animales de la selva trabajando al mismo tiempo el lenguaje, la motricidad, la atención y la imaginación.
¿Por qué jugar con los animales de la selva?
Los animales suelen fascinar a los niños. Tienen formas, tamaños, formas de desplazarse y sonidos muy diferentes. Esta diversidad los convierte en un recurso muy rico para aprender.
El tigre corre. El mono trepa. El elefante avanza despacio. La serpiente se arrastra. El loro vuela. Cada animal se convierte en una oportunidad para moverse, describir, imitar y comparar.
El tema de la selva también permite enriquecer el vocabulario. El niño puede nombrar los animales, hablar de su color, su tamaño, su hábitat o su forma de desplazarse.
El juego de tablero añade una regla sencilla. Se tira el dado, se avanza, se espera el turno y se realiza una acción. Estos pasos favorecen la comprensión de instrucciones, la paciencia y las primeras reglas de juego colectivo.
El material que hay que preparar
Para realizar esta actividad, puedes preparar:
- el tablero de juego «Animales de la selva» para imprimir;
- el dado para montar;
- las figuras de animales de la selva;
- pegamento;
- tijeras;
- piedras para fabricar los peones;
- pintura, si deseas personalizar los peones.
Las figuras aportan una dimensión concreta al juego. El niño puede observarlas, manipularlas y asociarlas a las casillas del tablero.
Las piedras pueden convertirse en peones sencillos, resistentes y fáciles de agarrar. Puedes dejarlas al natural o pintarlas de diferentes colores para que cada persona reconozca su peón.
Montar el dado
Empieza por imprimir el tablero de juego y el dado. A continuación, recorta el dado siguiendo los bordes.
Dobla las diferentes caras para formar un cubo. Añade un poco de pegamento en las zonas indicadas. Cierra el dado con cuidado y presiona unos instantes para que las caras se peguen bien.
Una vez seco, el dado está listo para usarse. Se convierte en un soporte de juego, pero también en un primer objeto para fabricar. El niño puede participar según sus posibilidades: sujetar el papel, doblar, pegar o decorar.
Preparar los peones
Para los peones, se pueden utilizar simples piedras. Su peso hace que sean estables en el tablero y su textura aporta una pequeña dimensión sensorial.
Cada persona puede elegir su piedra. Se puede pintar, decorar con un dibujo o asociar a un color. Este paso permite personalizar el juego y reforzar las ganas de participar.
También se pueden proponer otros objetos a modo de peones: tapones, pequeños cubos, figuras en miniatura o fichas. Lo importante es que sean fáciles de manipular y bien visibles en el tablero.
¿Cómo se juega?
Coloca el tablero en el centro de la mesa o en el suelo. Cada persona elige un peón y lo coloca en la casilla de salida.
Por turnos, se tira el dado. Cada uno avanza su peón tantas casillas como indique el número.
Según la casilla en la que caiga el peón, se pueden realizar varias acciones:
- hacer mímica del animal;
- imitar su sonido;
- hacer adivinar el animal;
- dar una pista;
- encontrar la figura correspondiente;
- describir el animal con unas pocas palabras.
Cuando se adivina el animal, la persona puede ganar la figura correspondiente. El juego se convierte así en una pequeña colección de animales que reunir a lo largo de la partida.
Hacer mímica para moverse y comprender mejor
La mímica es una forma sencilla y divertida de comenzar la actividad. El niño utiliza su cuerpo para representar al animal.
Puede arrastrarse como una serpiente, caminar con pisadas pesadas como un elefante, saltar como un mono o abrir los brazos de par en par como un pájaro.
Esta parte del juego estimula la motricidad gruesa. También ayuda al niño a comprender las características de cada animal. Para hacer mímica, debe observar, recordar y transformar una idea en un gesto.
El adulto puede acompañar la actividad con preguntas abiertas: «¿Cómo se mueve este animal?» «¿Vuela, salta o se arrastra?» «¿Es rápido o lento?»
Imitar los sonidos para estimular el lenguaje
Algunos animales se asocian a sonidos o llamadas. Aunque el sonido exacto sea difícil de reproducir, imitarlo sigue siendo muy interesante.
El niño puede rugir como un tigre, barritar como un elefante o inventar un sonido para un animal más silencioso. Esta actividad fomenta la expresión oral, la respiración y el placer de jugar con la voz.
También se puede variar la intensidad: un rugido muy fuerte y luego un rugido muy suave. Un sonido largo y luego uno corto. Estas variaciones ayudan a explorar la voz y a controlar mejor la respiración.
Hacer adivinanzas para enriquecer el vocabulario
Las adivinanzas transforman el juego en una actividad de lenguaje. Una persona elige un animal y da pistas.
Por ejemplo: «Tiene trompa. Es muy grande. Camina despacio.» o «Trepa a los árboles. Le gusta saltar de rama en rama.»
El niño aprende a seleccionar la información importante. Moviliza el vocabulario de los colores, las partes del cuerpo, los desplazamientos y los hábitats.
Para hacer la actividad más accesible, las pistas pueden ser muy sencillas. También se pueden mostrar dos figuras y pedirle al niño que elija la que corresponde a la adivinanza.
Adaptar el juego según la edad y las necesidades
Este juego se puede simplificar o enriquecer fácilmente.
Para los más pequeños, se puede empezar sin reglas de desplazamiento. El niño coge una figura, la coloca en el tablero e imita al animal. El dado se puede añadir más adelante.
Para los niños que empiezan a contar, tirar el dado permite trabajar el conteo. Se cuentan los puntos y después las casillas que se avanzan.
Para un grupo, el juego refuerza el turno de palabra y de acción. Cada uno espera, observa, anima y participa en la adivinanza.
Para un niño que necesita apoyos visuales, se pueden añadir imágenes o pictogramas: hacer mímica, imitar, adivinar, buscar la figura. Estos recursos aclaran las acciones que se esperan.
Algunas ideas para ampliar la actividad
El tablero puede servir de punto de partida para otros juegos.
Se pueden clasificar los animales: los que caminan, los que trepan, los que vuelan y los que se arrastran. También se pueden ordenar por tamaño, color o número de patas.
El niño puede inventar una historia con los animales conseguidos durante la partida. El mono se encuentra con el tigre. El elefante cruza la selva. El loro anuncia la llegada de la lluvia.
También se pueden crear nuevas tarjetas de adivinanzas, añadir retos motores o imaginar un recorrido por la habitación. La selva se convierte así en un universo completo por explorar.
Un juego sencillo para aprender de otra manera
Este tablero de juego sobre los animales de la selva demuestra que una actividad lúdica puede favorecer numerosos aprendizajes.
El niño observa, manipula, cuenta, hace mímica, habla, escucha y espera su turno. Descubre los animales mientras desarrolla habilidades útiles para el día a día.
El juego es flexible. Se puede disfrutar en familia, en clase, en consulta o en centros. Cada partida se puede adaptar al ritmo, a los gustos y a las capacidades del niño.
¿Alguna vez has creado un juego de tablero, una actividad de mímica o un taller sobre animales? No dudes en compartir tus ideas, consejos y experiencias en los comentarios.


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