Tablero de posición: inspiración Lili Nielsen
El tablero de posición es un soporte de exploración inspirado en el trabajo de Lili Nielsen. Permite que el niño interactúe con su entorno, toque, tire, agarre, compare y vuelva a encontrar los objetos a su propio ritmo.
Colocado en la pared, en horizontal o sobre un plano inclinado, puede acompañar a niños con pluridiscapacidad, niños con discapacidad visual o niños que necesitan un entorno sensorial muy estructurado.
La idea es sencilla: ofrecer objetos unidos a un panel, colocados siempre en el mismo lugar. El niño puede explorarlos con libertad, acercárselos, soltarlos, volver a empezar y memorizar poco a poco su ubicación. Esta repetición favorece el aprendizaje activo, la motricidad fina, la orientación espacial y el descubrimiento sensorial.
¿Quién fue Lili Nielsen?
Lili Nielsen fue una psicóloga danesa conocida por su enfoque del aprendizaje activo. Diseñó varios materiales para que los niños con discapacidades significativas pudieran participar más en su entorno.
Entre estos materiales destaca la Little Room, también llamada Pequeña Casa. Se trata de un espacio multisensorial que contiene objetos colgantes, sonoros, táctiles o visuales, que el niño puede descubrir con su cuerpo y sus movimientos.
El tablero de posición sigue la misma lógica. No se trata de mostrar al niño lo que debe hacer, sino de ofrecerle un entorno estable, enriquecedor y seguro, en el que pueda explorar por sí mismo.
¿Para qué sirve un tablero de posición?
El tablero de posición ayuda al niño a comprender dónde se sitúan los objetos en el espacio. Los objetos permanecen unidos al panel y siempre regresan a su lugar. Esta estabilidad es fundamental para el proceso de aprendizaje del niño.
Al tirar de un objeto, el niño descubre que puede acercarlo hacia sí. Al soltarlo, observa que vuelve a su posición inicial. Así puede repetir el gesto, anticipar el movimiento y volver a encontrar el objeto.
Esta exploración favorece la permanencia del objeto. El niño comprende poco a poco que un objeto sigue existiendo, incluso cuando ya no está en su mano o queda fuera de su alcance inmediato.
El tablero también permite trabajar la prensión, es decir, la capacidad de agarrar un objeto. El niño puede coger, tirar, empujar, golpear, mover, agitar, encajar o comparar según los objetos disponibles.

Un soporte para explorar los sentidos
Los objetos colgados en el tablero pueden elegirse por sus características sensoriales. Algunos son suaves, otros rugosos. Algunos hacen ruido, brillan, ruedan, vibran u ofrecen un agarre diferente.
Esta variedad ayuda al niño a establecer distinciones. Puede comparar formas, tamaños, pesos, texturas, sonidos o colores.
La exploración puede abarcar varios sentidos: el tacto, con diferentes materiales; la vista, con objetos contrastados o brillantes; el oído, con objetos que tintinean, crujen o resuenan; el olfato, si se incorporan elementos con un aroma suave y adecuado; la boca, cuando el objeto puede llevarse a la boca con total seguridad.
La elección de los objetos depende siempre del niño, de su nivel de desarrollo y de sus necesidades sensoriales.
El material para fabricar un tablero de posición
Para realizar esta actividad, puedes preparar:
- un panel perforado de táblex, con las dimensiones que elijas;
- goma elástica de un diámetro inferior al de las perforaciones del panel;
- clavijas de madera para fijar la goma elástica detrás del panel;
- objetos de la vida cotidiana para comparar, asociar o diferenciar;
- velcro resistente si el tablero se va a colocar en un plano inclinado;
- juguetes, pelotas o pequeños objetos adaptados al niño.
Los objetos deben elegirse con mucha atención. No deben presentar riesgo de asfixia. No deben ser rompibles, cortantes ni demasiado frágiles.
El objetivo es ofrecer un entorno enriquecedor pero seguro. Cada objeto debe poder manipularse, estirarse o acercarse al niño sin ningún peligro.
Elegir los objetos adecuados
La elección de los objetos es un paso importante. Un tablero demasiado sencillo puede limitar la exploración. Un tablero demasiado difícil puede desmotivar al niño o dificultar su acción.
Se pueden elegir objetos que se parezcan, pero con una diferencia clara. Por ejemplo, dos pelotas de texturas distintas, dos objetos de tamaños diferentes o dos materiales opuestos: suave y rugoso, ligero y pesado, liso y granulado.
También se pueden elegir objetos complementarios. Por ejemplo, un recipiente y un objeto para introducir dentro, dos elementos para encajar o un objeto que emita un sonido al agitarlo.
Cada objeto puede evaluarse según varios criterios: su textura, su tamaño, su peso, su forma, su sonido, su color o contraste, y el movimiento necesario para manipularlo.
Estos criterios ayudan a ofrecer objetos adaptados a las habilidades actuales del niño.
Fijar los objetos al tablero
Cada objeto se sujeta con una goma elástica. La goma debe ser lo bastante larga para que el niño pueda acercarse el objeto, incluso hacia la boca si forma parte de su manera de explorar.

Fija un extremo de la goma elástica al objeto. Pasa el otro extremo por una perforación del panel. Por la parte trasera, sujeta la goma con una clavija de madera.
Esta fijación permite que el objeto permanezca unido al tablero. El niño puede tirar, soltar, volver a empezar y encontrar el objeto con mayor facilidad.
El retorno del objeto hacia el panel genera una experiencia reproducible. Esta repetición ayuda al niño a memorizar la ubicación y a comprender mejor su propia acción.
Instalar el tablero
El tablero se puede colgar en la pared, al alcance del niño. También se puede colocar en un plano inclinado o sobre un escritorio ergonómico.
El plano inclinado puede facilitar el acceso visual y motor. El niño ve mejor los objetos y sus movimientos pueden resultar más cómodos según su postura.

Para fijar el tablero sobre un plano inclinado, se puede colocar velcro resistente en la parte trasera del panel. Esta solución permite mantener firme el soporte a la vez que conserva la posibilidad de moverlo.

La instalación debe ser estable. El tablero no debe deslizarse ni volcarse durante la exploración.

Dejar que el niño explore libremente
El tablero de posición cobra todo su sentido cuando el niño puede explorar sin interrupciones. El adulto prepara el entorno, comprueba la seguridad y observa.
El niño puede agarrar un objeto, tirar de él, soltarlo, fallar, volver a empezar, cambiar de movimiento o regresar al mismo objeto varias veces. Esta repetición forma parte del aprendizaje.

El adulto puede permanecer presente, atento y disponible, sin dirigir la actividad. Incluso las felicitaciones a veces pueden interrumpir el impulso de exploración. Lo más beneficioso para el niño es mantenerse concentrado en su movimiento, su intención y el efecto obtenido.
Esta actitud respeta el ritmo del niño. Le permite desarrollar su confianza, su autonomía y su capacidad para interactuar con su entorno.
Observar para ajustar el tablero
El tablero puede evolucionar con el tiempo. Algunos objetos se explorarán mucho. Otros se ignorarán, se evitarán o se utilizarán de una forma distinta a la prevista.

Estas observaciones aportan información muy valiosa. Permiten ajustar la elección de los objetos, su ubicación, su cantidad o su nivel de dificultad.
Se puede sustituir un objeto demasiado complejo, añadir una textura diferente, acercar un elemento o simplificar el tablero si el niño parece tener dificultades.
Lo importante es ofrecer un soporte que no sea ni demasiado simple ni demasiado recargado. El niño debe poder mostrarse activo, curioso y motivado.
Una actividad para promover el aprendizaje activo
Fabricar un tablero de posición inspirado en Lili Nielsen es crear un entorno en el que el niño puede aprender por sí mismo.
Explora, compara, agarra, tira, suelta y vuelve a empezar. Descubre los objetos, sus texturas, sus sonidos, su ubicación y el efecto de sus acciones.
Este soporte favorece la motricidad fina, la comprensión espacial, la permanencia del objeto y la participación activa. Ofrece al niño un marco estable para experimentar, a su ritmo y según sus posibilidades.


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