
¿Por qué su hijo muerde o mastica más cuando su rutina se altera?
Masticar como medio de comunicación y regulación
Masticar suele ser una de las primeras conductas que los padres observan y sobre las que se hacen preguntas. Se manifiesta de diferentes formas a lo largo del desarrollo y puede resultar desconcertante cuando aumenta o disminuye de repente sin una razón aparente. Desde la perspectiva de una terapeuta ocupacional pediátrica, masticar no es algo aleatorio ni una simple manía que deba eliminarse. Es una forma de comunicación. Es una forma de regulación. Y, sobre todo, a menudo es el sistema nervioso haciendo exactamente lo que necesita en ese momento.
Las fluctuaciones en la necesidad de masticar
Lo que compruebo una y otra vez en mi práctica profesional es que la necesidad de masticar fluctúa al mismo tiempo que el estado interno del niño. Durante los periodos de estrés, transiciones o incertidumbre, la necesidad de masticar tiende a aumentar. En momentos de calma, estructura y previsibilidad, puede disminuir o evolucionar hacia formas más habituales socialmente, como comer tentempiés o mascar chicle. Este patrón no es casual: refleja hasta qué punto la búsqueda sensorial oral está vinculada a los sistemas de regulación del cuerpo, en particular a la propiocepción.
La propiocepción es el sentido que tiene el cuerpo de su posición en el espacio y de la fuerza que utiliza. Es profundamente organizadora para el sistema nervioso. Cuando un niño participa en actividades que aportan estimulación propioceptiva, como empujar, tirar, apoyarse con fuerza contra algo o masticar, el cuerpo suele sentirse más centrado, más coordinado y mejor regulado. Masticar, en particular, aporta una estimulación intensa a través de los músculos de la mandíbula, que se encuentran entre los músculos más potentes del cuerpo.
Esta estimulación se transmite al cerebro de forma que puede ayudar a modular los niveles de alerta, apoyando a un niño que se encuentra sobreestimulado o en un estado de baja alerta.
Por qué aumenta la necesidad de masticar bajo los efectos del estrés
Cuando vemos la masticación desde esta perspectiva, resulta más fácil entender por qué aumenta en periodos de estrés. Tomemos las transiciones, por ejemplo. Un niño que pasa de una actividad que le gusta a otra que no prefiere experimenta un cambio no solo en las expectativas de conducta, sino también en su estado interno. Su sistema nervioso puede acercarse a una respuesta de lucha o huida, aunque por fuera no parezca algo llamativo.
Masticar puede actuar como una estrategia de autorregulación en ese momento, ofreciendo la estimulación propioceptiva necesaria para organizar el cuerpo y el cerebro.
Lo mismo ocurre durante los periodos de aburrimiento o de baja estimulación. Cuando un niño está en un estado de baja alerta, puede buscar estímulos para «despertar» su sistema. Masticar puede proporcionar esta estimulación activadora, ayudándole a sentirse más presente y más conectado. Por esta razón, la necesidad de masticar suele aumentar durante las actividades tranquilas en clase, los viajes largos en coche o los momentos no estructurados. No se trata de oposición ni de distracción. Se trata de regulación.
Los cambios de horario y las alteraciones de la rutina también pueden provocar aumentos visibles de la necesidad de masticar. Los niños dependen en gran medida de la previsibilidad para mantener un estado regulado. Cuando esa previsibilidad desaparece, el sistema nervioso debe esforzarse más para procesar lo que ocurre. Masticar se convierte en un material para sobrellevar esa incertidumbre. Es una forma de que el cuerpo cree una sensación de constancia cuando el entorno parece inestable.
Cómo acompañar la necesidad de masticar de forma funcional y eficaz
Comprender estas fluctuaciones es esencial, pero el siguiente paso consiste en saber cómo acompañarlas de forma funcional y respetuosa con las necesidades del niño. El objetivo no es eliminar el hecho de masticar, sino orientarlo hacia formas seguras, apropiadas y eficaces, ampliando al mismo tiempo el abanico de recursos de regulación del niño.
Una de las estrategias más importantes consiste en construir de forma proactiva rutinas sensoriales que incluyan estimulación propioceptiva a lo largo del día. Cuando un niño recibe estímulos regulares e intencionados, su sistema nervioso tiene menos probabilidades de buscarlos de forma impredecible o disruptiva. Esto puede consistir en integrar actividades de trabajo pesado (heavy work) antes de las transiciones, ofrecer tentempiés crujientes o para masticar en momentos clave, o utilizar materiales orales diseñados para una masticación segura. El momento en el que se ofrecen estos apoyos es fundamental.
Aportar estimulación antes de una dificultad prevista, como una transición o un cambio de rutina, puede ayudar al sistema nervioso a anticiparse a la desregulación en lugar de intentar compensarla constantemente.
Al mismo tiempo, es importante reconocer que las rutinas no siempre son constantes. La vida sigue su curso. Los horarios cambian, las vacaciones alteran la estructura y surgen imprevistos. Es ahí donde la flexibilidad dentro de las rutinas sensoriales se vuelve crucial. En lugar de basarse en horarios rígidos, suelo animar a las familias y a los profesionales educativos a pensar en términos de patrones y opciones.
Si un niño suele beneficiarse de la estimulación propioceptiva por la mañana, ¿cuáles son las diferentes formas de ofrecerla según el contexto? Si la necesidad de masticar aumenta durante las transiciones, ¿qué materiales o estrategias pueden acompañar al niño en distintos entornos?
Adaptar las rutinas sensoriales cuando desaparece la estructura puede significar tener a mano un pequeño conjunto de materiales de regulación de referencia. Puede implicar integrar oportunidades de movimiento y estimulación en las actividades diarias, como llevar la compra, colaborar en las tareas del hogar o participar en juegos que impliquen de forma natural empujar y tirar. También puede significar normalizar la masticación como una estrategia válida y ofrecer alternativas seguras en lugar de intentar eliminar por completo la conducta.
Los materiales de masticación de mano y los collares mordedores están diseñados exactamente para eso: fáciles de llevar, duraderos y eficaces en diferentes entornos.
Corregulación, entorno y papel del vínculo
Otro elemento clave es la corregulación. Los niños no aprenden a regularse de forma aislada; aprenden a través de las relaciones. Cuando un cuidador o terapeuta responde a la masticación con curiosidad en lugar de con corrección, crea un espacio para comprender qué necesita el sistema nervioso del niño. Esto puede lograrse observando patrones, ofreciendo apoyo antes de que la situación escale y modelando otras estrategias de regulación junto con la masticación.
Con el tiempo, esto ayuda al niño a tomar conciencia de sus propias necesidades y a desarrollar su capacidad para elegir entre diversas estrategias.
También es importante tener en cuenta el entorno. A veces, un aumento de la necesidad de masticar indica que el entorno exige demasiado al niño o no ofrece suficiente apoyo. Esto puede deberse a una sobrecarga sensorial, a exigencias cognitivas o a expectativas sociales. Pequeños ajustes, como reducir el ruido de fondo, ofrecer apoyos visuales o dividir las tareas en pasos más cortos, pueden reducir la necesidad de una regulación constante basada únicamente en la masticación.
Cómo evoluciona la necesidad de masticar con el tiempo
A medida que los niños crecen, la forma en que recurren a la masticación puede evolucionar. Lo que comienza como una búsqueda oral frecuente en la primera infancia puede transformarse, con el tiempo, en formas más sutiles o socialmente integradas. Esta evolución no consiste en eliminar la necesidad de estimulación propioceptiva, sino en ampliar las vías para acceder a ella. Acompañar este proceso requiere un equilibrio entre respetar las necesidades actuales del niño e introducir progresivamente nuevas opciones.
En última instancia, masticar es un claro ejemplo de cómo el cuerpo se comunica y se autorregula. Cuando cambiamos de perspectiva y pasamos de querer frenar la conducta a comprender su función, abrimos la puerta a un acompañamiento más eficaz y comprensivo. Empezamos a ver la masticación no como un problema, sino como una estrategia. Y a partir de ahí, podemos ayudar a los niños a construir un conjunto de herramientas más amplio y flexible para desenvolverse en los altibajos de su vida diaria.
En un mundo que a menudo espera que los niños se adapten rápidamente a exigencias cambiantes, reconocer y apoyar estas estrategias de regulación se vuelve aún más importante. Masticar es solo una pieza del puzle, pero es una pieza significativa. Nos recuerda que la conducta no es aleatoria: está arraigada en el sistema nervioso. Y cuando respondemos a estas necesidades con intención, no nos limitamos a abordar la conducta. Acompañamos al niño en su globalidad.
Sobre la autora
Taylor Hunt
Taylor Hunt es terapeuta ocupacional pediátrica afincada en Charleston, Carolina del Sur, y fundadora de Sensory Spaces. Está especializada en el diseño de entornos adaptados sensorialmente para familias y en la sensibilización de cuidadores sobre el procesamiento sensorial para apoyar la regulación y el desarrollo.
Sobre ARK Products
Fundada por una logopeda y un ingeniero, ARK Products desarrolla desde hace más de 25 años materiales y recursos especializados para acompañar la motricidad oral, la alimentación y las necesidades sensoriales. Su experiencia combina un profundo conocimiento de los retos terapéuticos con un diseño técnico pensado para el día a día de niños, adultos, familias y profesionales.
Este contenido es una traducción de un artículo original publicado en la web de ARK Therapeutic.



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