
Time Timer: múltiples usos, múltiples ventajas
En Hop'Toys, nos gusta visibilizar las prácticas y reflexiones de profesionales apasionados que, cada día, acompañan a niños, adolescentes y adultos. Hoy tenemos el placer de dar la palabra a Anaëlle Audebert, neuropsicóloga especializada en la infancia desde hace más de 10 años. Aquí comparte con nosotros su experiencia en torno a un material imprescindible: el Time Timer.
Descubra cómo Anaëlle utiliza el Time Timer en el día a día y por qué se ha convertido, según ella, en un verdadero aliado del desarrollo y de la regulación atencional de los niños.
El Time Timer: ¡un material que utilizo en todas partes!
Si hay un material que me acompaña a todas partes en mi práctica, es el Time Timer.
Para mí, es sencillamente el mejor aliado para ayudar a un niño a representarse una duración.
Es un soporte ideal cuando todavía no se sabe leer la hora, o cuando el tictac del cronómetro se vive como un factor de estrés. Se adapta a diferentes edades, perfiles y también a distintos entornos: en el aula, en casa, en sesión… De hecho, se encuentra en la consulta de numerosos profesionales: psicólogos, terapeutas ocupacionales, psicomotricistas, logopedas, neuropsicólogos… Es un material valioso que está disponible en tantos formatos como posibilidades de uso existen.
Personalmente, lo utilizo en varios contextos, con diferentes objetivos.

En el aula
En mi labor de apoyo a los docentes y acompañantes escolares, el Time Timer es a menudo un material valioso.
Un uso colectivo
Ayuda a los alumnos a representarse mejor el tiempo restante de una actividad en curso. Es la base de la autorregulación: un niño puede aprender a autorregularse si consigue hacer visible lo invisible (como una emoción, su atención y, en este caso, el tiempo).
En este marco, recomiendo priorizar los formatos grandes o los modelos imantados, más prácticos para el aula.

En educación infantil
Es especialmente pertinente. En efecto, los niños empiezan a construir sus primeras representaciones del tiempo, pero los materiales clásicos suelen ser demasiado complejos o poco adaptados (reloj que requiere la comprensión de los números y del vocabulario asociado, relojes de arena poco flexibles y demasiado llamativos…).
Mi consejo: utilizarlo primero en periodos cortos, de entre 5 y 10 minutos como máximo.
En primaria
Es en la escuela primaria donde más a menudo encontramos el Time Timer. Es también en este nivel escolar donde su uso individual resulta más propicio.

En secundaria
Lamentablemente, es poco común encontrarlos. Sin embargo, el paso a secundaria implica una mayor organización: varios profesores, distintas aulas… Mientras que, paradójicamente, se observa una disminución de los relojes de pared en los centros educativos, sustituidos por los relojes de pulsera (menos utilizados hoy en día) y los teléfonos móviles (a menudo prohibidos).
Consecuencia: algunos alumnos de secundaria ya no saben leer la hora en una esfera analógica por falta de oportunidades de exposición a ellas, y muchos adolescentes tienen dificultades para orientarse en la gestión del tiempo, lo que puede repercutir en su autonomía (por ejemplo, estimar el tiempo de revisión al final de un examen).
Una alternativa interesante: los relojes Time Timer, que permiten a los estudiantes de secundaria familiarizados con el material (especialmente aquellos que presentan un Trastorno del Neurodesarrollo) seguir utilizándolo de forma discreta y eficaz, tanto para las clases como para la vida cotidiana (comidas, transportes, ocio).

Un uso individual
A nivel individual, con un formato más pequeño y silencioso, el Time Timer resulta útil para:
Ponerse a trabajar
Comenzar una tarea suele ser lo más difícil. Proponer un Time Timer facilitará este momento introductorio. Al principio, es preferible que sea el adulto quien ajuste la duración, manteniendo el material visible pero fuera del alcance del alumno. Después, su uso puede ser más flexible. Utilizado de manera progresiva, favorecerá el desarrollo de la autonomía del alumno.
Los momentos de transición
Una gran parte de las alteraciones de conducta ocurre en estos momentos (antes del recreo, la pausa del almuerzo o la salida de clase…). Avisar al alumno 5 minutos antes del cambio con un soporte visual disminuye el estrés y la oposición, ya que favorece la proyección y la anticipación.
En resumen, el Time Timer es un material extraordinario para la gestión del tiempo en el aula. Y una mejor gestión del tiempo es siempre un paso más hacia una mejor regulación atencional y mejores aprendizajes.
En casa
En la orientación parental que puedo ofrecer, el Time Timer también encuentra su lugar.
Establecimiento de rutinas
Favorece la autonomía en los niños que presentan dificultades para organizar su pensamiento (iniciar, planificar, anticipar). La secuenciación visual de las actividades, asociada a su duración, hace que las etapas sean más concretas.
Refuerzo positivo
Puede materializar un «tiempo extra» concedido (p. ej., unos minutos adicionales de televisión o de juego). Su uso se combina entonces a la perfección con un contrato de conducta.

Gestión de las frustraciones
El Time Timer es especialmente útil para limitar el tiempo de pantalla, por ejemplo.
Mi consejo: introducir primero el Time Timer en un contexto positivo (ganancia de tiempo en una actividad atractiva) y después neutro, antes de utilizarlo para limitar una actividad agradable. Esto aumenta su aceptación por parte del niño.
Transiciones
Anunciar con antelación un momento importante (irse a dormir, salir hacia el colegio) con el apoyo del Time Timer suele reducir la oposición, especialmente en los más pequeños.
Los deberes
El Time Timer puede resultar útil aquí de diferentes formas:
- Ayudar a iniciar la tarea y a poner en marcha la famosa fase de «¡vamos, es hora de ponerse manos a la obra!»
- Delimitar el tiempo establecido… ¡y razonable! De hecho, muchos profesionales recomiendan no superar los 30 minutos para un alumno de primaria y 1 hora para un estudiante de secundaria, sobre todo después de una jornada escolar (Hébert, 2015).
- Estructurar las pausas durante periodos de estudio más largos (durante los fines de semana, por ejemplo): cada 20 minutos aproximadamente para un niño, cada 40 minutos para un adolescente.
En este contexto, tengo preferencia por los Time Timers en tonos suaves, especialmente el verde, que subraya con mayor facilidad la autorización que la prohibición.

¿Y cuándo se sale de casa?
Cuando el niño cambia de entorno de residencia (estancia con otro familiar, lugar de vacaciones…), resulta aún más interesante que el Time Timer vaya con él. En efecto, transferir referencias temporales fijas cuando el lugar (y a veces las normas de convivencia) cambia, tranquiliza y permite una mejor adaptación.
En consulta
En una primera sesión de consulta, siempre propongo dos cosas al niño al inicio de la intervención:
- La visita a la consulta: el espacio, los juegos, los libros, la organización… Aspiro a que el niño se apropie al máximo de este espacio de trabajo compartido y, sobre todo, que se sienta a gusto en él.
- La activación del Time Timer: ajusto la duración de la sesión (al menos durante las primeras consultas; más adelante, dejo progresivamente que el niño lo haga) para respaldar mis palabras: «vamos a estar juntos durante 45 minutos».
Esta delimitación del tiempo y del espacio aporta seguridad al niño ofreciéndole puntos de referencia claros en un contexto nuevo, y refuerza la relación de confianza.
En este contexto, tengo preferencia por el Time Timer integrado en una pequeña pizarra blanca magnética, lo que me permite escribir el desarrollo de la sesión o simplemente una frase breve y personalizada de ánimo.

En reeducación
En estimulación cognitiva, el Time Timer es imprescindible para trabajar la representación del tiempo con niños que presentan un Trastorno del Neurodesarrollo: Trastorno por déficit de atención con o sin hiperactividad (TDAH), trastorno del espectro autista (TEA), trastorno del desarrollo de la coordinación (TDC), trastorno del desarrollo intelectual (TDI)…
Efectivamente, a menudo se pide a los niños que «estén atentos» o «más concentrados». Pero, sin bases sólidas en la representación temporal, la autorregulación atencional resulta difícil. A menudo, comienzo trabajando los diferentes aspectos del tiempo durante mis primeras sesiones.
Comienzo con ejercicios lúdicos:
- Comparar diferentes materiales de medición del tiempo (reloj, reloj de arena, Time Timer, cronómetro…) con «la carrera del minuto». Presentados de dos en dos, se pide al niño que determine en qué material pasará el minuto más rápido. Se presentan numerosos materiales, hasta que el niño comprende la invariabilidad de la respuesta. Es siempre una etapa de comprensión esencial que resulta necesario comprobar —o desbloquear— antes de continuar el trabajo de reeducación específico del ámbito temporal.
- Experimentar la diferencia entre una duración objetiva y una duración subjetiva. Se propone al niño cerrar los ojos y levantar la mano cuando crea que han pasado tres minutos. Este ejercicio puede realizarse en condiciones neutras (sin distracciones) y después en diferentes contextos: escuchando una música rápida, una música lenta, realizando una tarea aburrida, jugando a un juego muy entretenido… El joven se da cuenta entonces del aspecto subjetivo en la apreciación del paso del tiempo y de la necesidad de recurrir a materiales de medición.

Si le interesa el tema de la reeducación de las representaciones temporales, le invito a descubrir el artículo que he escrito en colaboración con Sébastien Henrard: «Un día con Martín; cómo desarrollar las representaciones temporales en niños con TDAH».
Como habrán comprendido, soy una auténtica «aficionada» al Time Timer. No solo permite construir progresivamente la noción del paso del tiempo y estimar la duración de una actividad, sino que también permite apoyar el desarrollo de las funciones ejecutivas en la vida diaria del niño, que aprende entonces a:
- Organizarse dentro de un límite de tiempo determinado.
- Anticipar los cambios.
- Gestionar la espera.
- Autorregularse.
Y lo que es mejor, aporta seguridad cuando la comprensión del mundo que nos rodea resulta difícil. ¡Un pequeño material… pero un gran aliado!






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