
¿Cómo apoyan los fidgets la concentración y la autorregulación?
El fidgeting. Es algo que todos y todas hacemos sin siquiera pensar en ello.
Volvamos un momento atrás: estaba en la escuela y tenía que hacer una presentación delante de su clase. Aunque conocía toda la información, le disgustaba hablar en público y se sentía nervioso o nerviosa, con estrés. ¿Mascaba chicle? ¿Se enrollaba nerviosamente el pelo alrededor de los dedos? ¿Daba golpecitos con el pie o hacía clic con el bolígrafo?
¿O piensa en aquella vez en la que participó en una formación continua de dos días y llevó una bolsita llena de frutos secos, una botella con pajita y su proyecto de punto del momento?
En el ámbito de la terapia ocupacional, diríamos que cada una de estas estrategias era un material para mantener un sistema nervioso óptimo, lo que incluye el nivel de alerta y la autorregulación, permitiendo a nuestro cerebro estar plenamente atento, preparado y disponible para aprender. En el lenguaje cotidiano, podría llamar a cada una de estas estrategias fidgeting.
Nos desarrollamos mejor cuando estamos en un estado de regulación «justo en su punto», pero cuando nos sentimos nerviosos, tristes, cansados, estresados o excitados, nos salimos de este estado ideal. El nivel de alerta está vinculado a nuestro estado de atención. Una persona con un nivel de alerta bajo puede parecer ralentizada, cansada y lenta a la hora de procesar la información. Una persona con un nivel de alerta alto puede parecer enérgica, impulsiva, nerviosa o incluso temerosa/evitativa si le cuesta filtrar los estímulos del entorno.
A medida que nuestro entorno cambia, debemos utilizar estrategias de autorregulación para responder a las exigencias del mundo que nos rodea. El fidgeting nos ayuda a mantener un estado «justo en su punto» para responder a estas exigencias.
Si pensamos de nuevo en aquella clase, estábamos en un estado de alerta elevado y utilizábamos estimulaciones vestibulares —enrollarse el pelo, mover el pie, hacer clic con el bolígrafo— y estimulaciones propioceptivas —masticar chicle— como forma de regular nuestro sistema nervioso preparándonos para nuestra presentación.
Durante esta formación de dos días, sabíamos que íbamos a permanecer sentados y sentadas en el mismo sitio durante al menos 12 horas, lo que generalmente propicia un bajo nivel de alerta. Para mantenernos despiertos y concentrados en la persona que exponía, trajimos un aperitivo crujiente, una botella con pajita —aporte propioceptivo oral— y algo que hacer con nuestras manos. Cada una de estas estrategias nos permitió hacer «fidgeting» de forma tranquila y discreta.
¿Cómo ayudar a los niños a mantener un nivel de alerta óptimo?
Sabemos que el fidgeting nos ayuda a mantener un estado «justo en su punto», en el que podemos aprender, absorber información y estar atentos o atentas a nuestro entorno. Como adultos, utilizamos materiales de autorregulación a diario.
¿Pero qué pasa con los niños? Esperamos de ellos y de ellas que permanezcan sentados en su pupitre y escuchen, sin ninguno de los materiales de fidgeting que los adultos han aprendido a utilizar. Cuando se mueven e inquietan en su silla, están intentando regular su nivel de alerta, pero esto puede resultar molesto para sus compañeros y parecer un problema «conductual» a ojos del maestro, la maestra o las familias.
¿Qué materiales y estrategias podemos enseñar a los niños para mejorar la autorregulación? Aquí tiene tres:
Fidgets para las manos
Como con cualquier material de autorregulación, es importante enseñar a los niños cuándo, dónde y cómo utilizarlos correctamente. Algunos fidgets son más adecuados para el aula que para casa, mientras que otros pueden ser aceptables en varios entornos. Más concretamente, en la escuela o cuando el niño trabaja en grupo, tengo tres criterios para un fidget: debe ser pequeño, silencioso y no rodar al caer.
Proporcionar un material que nos permita mover solo una pequeña parte de nuestro cuerpo, como las manos, ayuda al resto del cuerpo a permanecer inmóvil. Incluso estos pequeños movimientos aumentan el flujo sanguíneo y liberan espacio mental para estar atento o atenta al entorno o al docente.
He tenido el privilegio de probar los nuevos Wingamajigs de ARK Therapeutic. Estas coloridas alas están disponibles a elegir en versión mariposa, dragón, avión, libélula y murciélago. La mariposa y el dragón presentan una textura en relieve para los niños que se benefician de un estímulo táctil adicional, por ejemplo, aquellos y aquellas a quienes les gusta tocar velcro, materiales pegajosos o texturas con relieve.
Con un ligero movimiento de dedos o soplando suavemente, cada conjunto de alas gira alrededor de un eje que puede colocarse en la parte superior de un lápiz sin goma o sostenerse en la mano. Personalmente, me gusta empujar las alas hasta el tope, soltar y luego volver a empujarlas hasta el tope. El carácter repetitivo es relajante, pero también aporta un estímulo propioceptivo resistivo.
Pero veamos si esto cumple mis criterios:
Tamaño: por sí solos, miden 2,5 pulgadas de alto. Son fáciles de meter en un bolsillo, sostener debajo del pupitre o guardar en un estuche cuando sea necesario. Vienen con un lápiz sin goma en el que encajan perfectamente. Si su hijo o hija utiliza un lápiz corto de golf para mejorar su patrón de agarre, estos Wingamajigs también son compatibles.
Silencio: desde el movimiento del dedo —con la yema del dedo— hasta la rotación, el sonido es casi inaudible y no se escucha por encima de una voz que habla.
No rueda: una de mis mayores frustraciones con los fidgets es que a menudo se presentan en forma de pequeña pelota redonda que cabe en la mano de un niño. Pero ¿qué ocurre si esta pelota se cae? Al rodar, la persona frustrada que la usa se desplaza por la sala para encontrarla mientras todos los demás alumnos se ríen viendo la escena. Con el Wingamajig, cada ala se fija a su eje mediante una pieza desenroscable, lo que permite mezclar los colores y las formas de las alas si lo desea. Cuando giran alrededor de su eje, nadie tiene que temer que salgan volando por los aires o rueden por la habitación.
Quizá haya notado que indiqué que se puede soplar para hacer girar estas alas. Si ha leído alguno de mis artículos de blog anteriores, tal vez recuerde que el trabajo respiratorio es otra forma excelente de mejorar la regulación y la atención.
Masticación: los fidgets orales
Los estudios han demostrado que la masticación aumenta el flujo sanguíneo y el oxígeno hacia el cerebro, lo que nos ayuda a concentrarnos y retener la información a un nivel más elevado. Además, los receptores propioceptivos se encuentran en nuestra mandíbula, y cada vez que mordemos, enviamos pequeños mensajes a nuestro sistema nervioso para ayudarle a calmarse.
El chicle no siempre es seguro para los niños más pequeños, y no siempre es limpio para la parte inferior de las mesas o las alfombras. Utilice en su lugar un mordedor, es decir, un colgante para morder con un cordón de seguridad, que se lleva alrededor del cuello del niño para que pueda utilizarlo siempre que necesite un aporte sensorial. Este sistema permite mantener la limpieza, evitar que los niños lo compartan con sus amigos y amigas, y limitar el riesgo de que se pierda.
Un capuchón de lápiz para morder también es una solución excelente. Es, en cierto modo, un fidget para la boca. Tenga en cuenta que los Wingamajigs no son para morder, pero puede encontrar todas las opciones de materiales para morder aquí.
Integrar el heavy work en su horario
El trabajo resistivo, o heavy work, proporciona al cuerpo un estímulo que envía una señal relajante al cerebro y nos prepara para concentrarnos y estar atentos o atentas.
En la escuela, intente integrar actividades resistivas en las transiciones. Utilice un objeto con peso que el niño deba llevar consigo hasta la siguiente etapa, propóngale empujar una caja grande que contenga bolsas de comida o libros de la biblioteca hasta el lugar previsto, o pídale que sostenga las puertas abiertas para la clase.
En casa, fomente un tiempo de actividad al aire libre antes de sentarse a hacer los deberes.
El fidgeting es una estrategia útil tanto para adultos como para niños cuando intentan mantener su regulación y un estado «justo en su punto» para aprender y estar atentos o atentas. Enseñar a los niños qué actividades ayudan a su cuerpo a sentirse mejor puede llevar tiempo, pero les empodera a medida que crecen y les ayuda a defender mejor sus propias necesidades.
Acerca de la autora
Katie Zelinski
Katie Zelinski obtuvo su máster en terapia ocupacional en la New York University. Actualmente vive en Cleveland, Ohio. Cuenta con formación complementaria en Integración Sensorial de Ayres, S.O.S., alimentación, integración de reflejos y programas iLs.
Siga a Katie en Instagram @the.well.balanced.OT o visite su sitio web www.TheWellBalancedOT.com.
Acerca de ARK Products
Fundada por una logopeda y un ingeniero, ARK Products desarrolla desde hace más de 25 años materiales y recursos especializados para acompañar la motricidad oral, la alimentación y las necesidades sensoriales. Su experiencia combina un profundo conocimiento de los retos terapéuticos con un diseño técnico pensado para el día a día de los niños, los adultos, las familias y los profesionales.
Este contenido es una traducción de un artículo original publicado en el sitio web de ARK Therapeutic.





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