
Los arcos y los equilibrios proactivo y reactivo
Todos necesitamos, a cualquier edad, ejercitar nuestros equilibrios proactivo y reactivo en función de nuestras capacidades motrices. En nuestro estudio de caso, mostraremos cómo los Arcos permiten desarrollar los equilibrios proactivo y reactivo de adultos y niños deportistas de alto nivel.
Antes de ejecutar una acción que requiera nuestro equilibrio, el cerebro determina casi al instante cómo lograrlo manteniendo el equilibrio. ¿Qué fuerza aplicar, qué músculos accionar y qué amplitud dar al movimiento?
Comprender los equilibrios proactivo y reactivo
Para ello, recurrimos a nuestro sistema sensorial:
- Evaluamos el nivel de dificultad, la altura y la longitud con la vista.
- Exploramos la superficie en la que nos encontramos y sobre la que debemos avanzar mediante el tacto.
- El oído nos permite evaluar el espacio que nos rodea y la dirección a través del eco.
- Recurrimos a la propiocepción para determinar en qué medida sostener la articulación y cómo contraer y relajar los músculos para poder ejecutar la acción con éxito.
Esta evaluación se produce con extrema rapidez como preparación para la acción; es lo que llamamos equilibrio proactivo. Nos preparamos al mismo tiempo que evaluamos los riesgos.
Durante la acción y justo después, los sentidos guían ajustes instantáneos para llevar a cabo la acción con éxito. Gracias a estos mismos sentidos, nuestro cuerpo procura mantener el equilibrio. Es este proceso el que llamamos equilibrio reactivo. Realizamos correcciones y ajustes.
Cuando el equilibrio se altera
En la gran mayoría de los casos, nuestros sentidos cooperan (integración) de manera que la acción se corone con éxito.
Pero a veces ocurre un elemento inesperado que provoca la desincronización del trabajo proactivo y de la respuesta reactiva. Por ejemplo, si la acción a realizar se evalúa mal, si nos empujan durante la acción, si nos sorprende un ruido repentino o si la superficie de apoyo cede. En este tipo de situaciones, perdemos el control y perdemos el equilibrio. A menudo esto se limita a una pequeña caída sin consecuencias, pero también puede provocar lesiones más graves en articulaciones y músculos. Este fallo también puede generar una pérdida de confianza en uno mismo y en las propias capacidades.
Los Arcos están diseñados para poder apilarse fácilmente. Cuentan con un amplio borde de goma para no resbalar cuando están apilados. Cuantos más Arcos se apilan unos sobre otros, más impredecibles se vuelven sus movimientos y más difícil resulta el ejercicio en términos de equilibrio. Es muy fácil organizar una progresión con los Arcos. Cuando se coloca un elemento en el suelo en forma de puente, el ejercicio está al alcance de los niños pequeños. Si se gira este elemento para darle forma de balancín, el ejercicio se vuelve más difícil y más exigente en cuanto a equilibrio. Con dos elementos apilados en forma de «ojo» o de «reloj de arena», hace falta un buen equilibrio para subirse, pero también para permanecer de pie encima y balancear los elementos.
En el marco del trabajo de los equilibrios reactivo y proactivo, se puede utilizar el «reloj de arena» y el «ojo» para entrenar el salto y la recepción sobre los Arcos. También se puede crear un recorrido para saltar de un «ojo» o de un «reloj de arena» a otro manteniendo el equilibrio.
Estudio de caso: la rehabilitación de Helena
Helena es una joven activa que juega al balonmano a alto nivel y forma parte de la selección nacional promesas.
Durante un partido de entrenamiento, la empujan durante un salto. Cae mal y se lesiona los ligamentos cruzados de la rodilla izquierda.
Helena se somete a una intervención quirúrgica. Inicia una rehabilitación intensiva seis semanas después de la operación.
Tras dos meses de rehabilitación, está casi recuperada. Helena retoma los entrenamientos con su equipo. Ha recuperado por completo la fuerza y la amplitud de movimiento, pero se siente más lenta que antes, con un mayor riesgo de caída.
Le hablo de los equilibrios proactivo y reactivo, le digo que eso es lo que hay que trabajar para que pueda recuperar la seguridad y la velocidad que tenía antes de su lesión.
Primeros ejercicios y progresión
Construimos tres «ojos» en fila utilizando seis arcos. Helena debe entrenar saltando sobre un «ojo», recuperar el equilibrio y luego saltar al siguiente «ojo». Para empezar, le pido que salte con los pies relativamente juntos. Poco a poco, consigue separar los pies cada vez más. La amplitud de los movimientos impredecibles de los Arcos aumenta y el ejercicio se vuelve más difícil. Al principio, Helena necesita acompañamiento para atreverse a saltar sobre el «ojo». Pero rápidamente gana seguridad y se atreve a lanzarse sola.
Helena se lleva seis Arcos a casa para poder practicar todos los días.
Desarrollar velocidad, anticipación y confianza
Nos volvemos a ver al cabo de una semana. Ahora Helena consigue saltar sobre los Arcos y recuperar el equilibrio sin dificultad con los pies en cada extremo del arco. Pasamos entonces al trabajo del proceso de anticipación y de la velocidad. Tras cada salto, le doy una nueva indicación a Helena, que debe aplicar lo más rápido posible: «Salta hacia adelante con los pies juntos», «Salta hacia atrás con los pies separados». Las indicaciones señalan en qué dirección debe saltar Helena, con los pies juntos o separados. Para terminar, Helena se plantea a sí misma retos empezando a saltar por encima, de lado, etc. Esto permite ejercitar los equilibrios proactivo y reactivo a un alto nivel.
Helena siente que su rodilla funciona bien y va recuperando poco a poco la confianza en sí misma y la velocidad.
Tres semanas más tarde, ponemos fin a estas sesiones de ejercicios. Helena ha vuelto a su mejor nivel y vuelve a disfrutar jugando en su equipo.
Por Hannah Harboe, fisioterapeuta

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