
Trabajar la marcha con los aros de actividad
Normalmente, los niños aprenden a caminar entre los 10 y los 18 meses. La autonomía a través de la marcha representa un hito importante en el desarrollo infantil. Aunque el periodo habitual de aprendizaje para caminar es relativamente amplio, muchos padres se preocupan si el niño no camina al año. Esta inquietud a menudo es infundada, y la mayoría de los niños caminan solos antes de cumplir los 18 meses.
Algunos niños son capaces de caminar, pero no se atreven a dar el último paso, que consiste en soltar la mano del adulto que los acompaña. Puede haber varias razones para ello:
- El sistema vestibular del niño puede reaccionar de forma excesiva y dificultar el mantenimiento del equilibrio;
- El niño puede necesitar apoyo psicológico, por ejemplo, porque otros niños o hermanos lo hayan empujado;
- Al niño le puede costar encontrar la calma, concentrarse y gestionar los numerosos estímulos sensoriales a los que está expuesto en presencia de otras personas;
- Al niño le puede costar estabilizarse sobre sus articulaciones y determinar la fuerza que debe aplicar para caminar.
Los límites de caminar cogidos de la mano
Debido a la diferencia de estatura entre un niño y un adulto, los padres y abuelos suelen hacer caminar a los niños sujetándoles las manos por encima de la cabeza. Cuando el niño camina con los brazos en alto, ocurren varias cosas. Por ejemplo, el adulto puede descargar al niño de parte del peso sobre sus piernas, impidiendo que perciba por completo la presión en las caderas, rodillas y tobillos que estimula la propiocepción y ejercita el equilibrio. O bien, el niño se agarra de la mano del adulto y se concentra en la dirección y el control sin preocuparse por el equilibrio. En ese caso, el control del equilibrio lo ejercen las manos del adulto y no las piernas del niño.
Las ventajas de los aros de actividad
Los aros de actividad son aros de caucho flexible, con una superficie agradable de agarrar. Estos aros se pueden utilizar de muchas formas diferentes:
- se pueden lanzar y practicar para atraparlos;
- se pueden utilizar como marcas en un circuito de ejercicios, o sobre la cabeza para trabajar el equilibrio;
- Son agradables al tacto para los niños pequeños;
- Los colores vivos invitan a coger los aros y examinarlos más de cerca. Gracias a su tamaño, los aros son ideales para establecer un contacto entre dos personas cuando agarrarse de la mano resulta demasiado íntimo. El diámetro del aro permite un buen agarre, incluso para manos pequeñas.
Estudio de caso: Peter, 16 meses
Peter es un niño pequeño de 16 meses. Peter es hijo único. Nació un poco prematuro y es más prudente y sensible que otros niños que la familia conoce y suele ver.
A los padres les extraña que Peter no intente caminar solo. Hace tiempo que da vueltas alrededor de la mesa del salón y le encanta caminar con su padre llevando las dos manos por encima de la cabeza. A Peter no le gusta balancearse y se bloquea rápidamente cuando cree que va a perder el equilibrio.
Un acompañamiento progresivo y seguro
Peter muestra inseguridad cuando me acerco a él o cuando lo toco, por lo que los ejercicios se realizan a distancia. Guío a los padres explicándoles lo que deben hacer con Peter.
Peter necesita verme varias veces y familiarizarse con la sala y todo el material antes de poder llevar a cabo una consulta normal.
Considero que, en este punto, no son necesarias más consultas. Cuando Peter se dé cuenta de que es capaz de caminar, la marcha le proporcionará suficientes estímulos vestibulares. Caminar por sí mismo le dará una sensación de dominio. Por experiencia, puedo decir que las experiencias positivas de superación y control pueden tener efectos significativos en otros ámbitos donde los niños carecen de seguridad y muestran una mayor sensibilidad.
Durante la consulta, es el padre de Peter quien lo acompaña y escucha mis indicaciones. La madre de Peter anota lo que digo y graba a Peter con su padre. De este modo, nos aseguramos de que mis indicaciones se entiendan y queden registradas para cuando la familia esté en casa. Explico a los padres la estimulación sensorial, para que se aseguren de ofrecer a Peter pausas y momentos de calma, y les enseño ejercicios para trabajar el movimiento y la marcha autónoma.
Favorecer la marcha autónoma
A Peter le gusta caminar a lo largo de mi banco de ejercicios. Su padre le hace hacer varias idas y vueltas atrayéndolo con pasas. Cuando Peter tiene suficiente confianza, su padre le tiende un aro de actividad, mientras Peter se sujeta al banco con la otra mano. El padre pone su mano sobre la de Peter para indicarle que lo sujete bien. Tras una ligera tracción del aro, la mano se suelta del banco y Peter avanza sujetándose únicamente al aro. Es posible sujetar el aro de manera que la mano de Peter quede por debajo del pecho. Así, el aro no resta peso a las piernas. Esto hace trabajar más el equilibrio que ir cogidos de la mano.
Los padres pueden llevarse el aro para practicar en casa. Al día siguiente, me llaman para decirme que Peter ha caminado con el aro. Tras 10 minutos de práctica, su padre pudo soltar el aro. Peter camina con el aro en la mano, pero sin su padre.
Tras una semana de ejercicios con el aro, Peter consigue caminar sin ayuda, y tanto él como sus padres están muy orgullosos.
Por Hannah Harboe, fisioterapeuta


Deje un comentario