
Placas táctiles y discriminación táctil
Nuestra piel está dotada de receptores del tacto, es lo que se denomina el sentido del tacto.
La sensibilidad al tacto está especialmente desarrollada alrededor de la boca, en las manos y en la planta de los pies.
En estas zonas sensibles, somos capaces de percibir variaciones muy leves en la superficie, el material, etc. Al desplazarnos en la oscuridad, la mayoría de nosotros puede notar con los pies si camina sobre una calzada asfaltada o por un camino de tierra. Percibimos la altura de los escalones y de los umbrales. La capacidad para diferenciar texturas y superficies nos ayuda a desplazarnos de forma fluida y regular, sin arriesgarnos constantemente a tropezar o caer.
Nuestras manos son capaces de percibir diferencias muy leves, por ejemplo entre la piel de un pomelo y la de una clementina.
Los niños necesitan ejercitar esta capacidad para diferenciar los objetos. Esta capacidad para diferenciar las cosas mediante el tacto se llama discriminación táctil.
Cuanto más se estimula a los niños dejándoles tocar y manipular todo lo que pueden encontrar en su vida cotidiana, más desarrollan su dominio del tacto y su capacidad para realizar tareas de motricidad fina, como dibujar, coser y escribir. Cuanto más se permite a los niños caminar sobre diferentes tipos de terreno en la naturaleza, descalzos o no, más son capaces de desplazarse con libertad y elegancia sobre cualquier superficie, sin tropezar con las pequeñas irregularidades.
Las placas táctiles son un producto que permite desarrollar las capacidades de discriminación táctil de los niños. Las placas son todas diferentes, aunque se parecen. El material, el diámetro y el grosor de las placas son los mismos, pero la superficie cambia de una placa a otra.
Existen dos tamaños de placas: una para los pies y una para las manos. El niño puede así sentir la diferencia entre las placas con la ayuda de las manos o de los pies, pero también puede asociarlas pasando de las manos a los pies y viceversa.
Las placas pequeñas pueden utilizarse para estimular otras partes del cuerpo. Sobre las placas grandes se puede sentar.
Al caminar sobre las placas, el niño puede sentir cómo cambia su equilibrio en función de la placa sobre la que apoya el pie. La superficie de la placa influye en las sensaciones táctiles de los pies, que trabajan en relación con el equilibrio en el marco del sistema vestibular.
El conjunto de la experiencia se apoya en la vista, que permite formarse una primera impresión antes de caminar sobre las placas. En general, la integración sensorial entre los diferentes sentidos permite al niño regular la velocidad, la fuerza y el ritmo de su desplazamiento sobre las placas.
En algunas placas, el niño reducirá la marcha o se detendrá para asegurarse una mejor base. En otras placas, el niño acelerará para reducir la estimulación, porque la superficie irregular pica un poco o dificulta el equilibrio.

Estudio de caso
Ella es una niña pequeña alegre y llena de vida de 5 años. Tiene una discapacidad causada por una vista muy deficiente, de modo que sus capacidades motrices no están tan desarrolladas como las de los niños de su edad.
Debido a este problema de visión, lleva una vida más protegida que sus pequeños compañeros. Es muy dependiente de los adultos que la rodean, sobre todo cuando se trata de jugar al aire libre, donde no siempre se da cuenta del peligro. No es capaz de evitar una caída por una rama o un escalón, y sobre todo no debe acercarse a un columpio en uso, por ejemplo.
A medida que crece, Ella tiene una necesidad creciente de independencia y de reducir su dependencia respecto a los adultos. La necesidad de desarrollar sus capacidades motrices se ha vuelto evidente. Para lograr una mayor independencia, debe agudizar y reforzar sus otros sentidos de manera que pueda compensar su visión deficiente.
Hasta ahora, Ella utiliza mucho el oído. Se orienta muy bien en función de la voz y se detiene cuando los adultos le advierten de la presencia de un peligro ante ella. También se desenvuelve muy bien para oler y tocar todo lo que está a su alcance, y tiene mucha habilidad para la discriminación táctil y la manipulación con las manos. Pero no ha recibido suficiente información ni estimulación táctil a nivel de los pies. Pierde fácilmente el equilibrio y le falta seguridad en un nuevo tipo de terreno o en un terreno irregular.
Decidimos comenzar los ejercicios de discriminación táctil para los pies con las placas táctiles.
Disponemos todas las placas grandes en círculo sobre el suelo. Ella da toda la vuelta cogiéndome de la mano. Necesita ayuda para no perder el equilibrio cada vez que sube a una nueva placa. Luego ponemos una placa pequeña en la mano de Ella, y ella debe recorrer todas las placas hasta encontrar la que corresponde a la que tiene en la mano.
Ella avanza despacio y se toma su tiempo para sentir las cosas. Algunas veces encuentra la solución a la primera, otras veces tiene que intentarlo varias veces.
Practicamos este juego cada semana. Poco a poco, Ella adquiere seguridad en sus desplazamientos sobre las placas, en su capacidad para aprovechar el tacto de sus pies para afianzar su postura y evitar perder el equilibrio.
A medida que se ejercita, Ella también adquiere seguridad en el patio de recreo. Sus padres y sus educadores han tomado conciencia de la importancia para Ella de ejercitarse y exponerse a diferentes tipos de terreno. Los ejercicios y la estimulación la preparan para desenvolverse mejor en un mundo ampliamente diseñado para las personas videntes.





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