
Tactile Planks e hipersensibilidad al tacto
Para algunos niños, la hipersensibilidad táctil es una fuente de estrés y puede contribuir a que tengan reacciones explosivas.
Cuando la ropa pica y los calcetines irritan una piel sensible, un despertar tranquilo puede convertirse rápidamente en un caos para toda la familia.
En mi consulta atiendo a muchas familias en las que la ropa, especialmente los calcetines, molesta tanto al niño que empezar el día resulta muy complicado. En los casos extremos, estos problemas con la ropa provocan discusiones y estrés, e incluso pueden dar lugar a ausencias escolares o laborales.
Trabajar específicamente la percepción táctil puede ser una forma de abordar el problema. En algunos ejercicios, el niño debe tomar conciencia de lo que siente en la piel. En otros, debe comprender que es posible controlar la intensidad de la sensación provocada por un estímulo táctil.
Para comprender mejor el sentido del tacto, conviene disponer de objetos y materiales duros y blandos, calientes y fríos, rugosos y lisos, secos y mojados. Hay que explorar de forma lúdica todos los tipos de superficies posibles. ¿Qué resulta agradable y qué no? ¿En qué se diferencian? ¿Puede una misma cosa resultar agradable o causar molestias al tocarla? Cuando el niño toma conciencia de lo que percibe, la estimulación le ayuda a aumentar su umbral de tolerancia. Esto permite reducir el estrés provocado por una estimulación excesiva.
Para ello, el niño puede caminar sobre arena, hierba, gravilla, madera, metal o plástico. También se le puede acariciar con un cepillo, un peluche suave, una mano caliente, las uñas o el dorso de la mano. La estimulación debe estar controlada, y el niño debe saber cuándo y cómo terminará.
Las tablas táctiles Build N’ Balance® de Gonge están diseñadas para ofrecer distintos estímulos táctiles en su superficie. Los diferentes estímulos bajo los pies ayudan al niño a darse cuenta de que el tipo de superficie influye en sus habilidades motrices. Si la superficie le resulta desagradable, le costará más avanzar por la tabla. En cambio, si le resulta agradable al tacto, le será más fácil mantener el equilibrio y quizá decida quedarse sobre ella para poner a prueba sus capacidades. Cada tabla y cada estructura se identifican claramente por colores diferentes. El niño puede experimentar enseguida y recordar qué tablas le resultan agradables y cuáles le plantean dificultades.

Estudio de caso
Helena tiene 8 años. Le cuesta mucho vestirse por la mañana. Los calcetines son lo que más le pica, y tiende a quitárselos bruscamente en cuanto sus padres se los ponen. Se esconde, grita y se altera mucho. La familia suele salir tarde de casa, y el trayecto al colegio está lleno de estrés y discusiones.
Durante las sesiones conmigo, Helena se muestra amable y atenta. Se esfuerza, y los juegos de motricidad le permiten tomar conciencia de sus capacidades mientras se divierte. Tras varias sesiones, consigo ganarme su confianza y podemos empezar a trabajar en la causa de su estrés: vestirse y la sensibilidad táctil.
Para ello, diseñamos una rutina para las mañanas. Decidimos que los padres «despertarán los pies» manipulándolos con suavidad para prepararlos antes de ponerle los calcetines. Una vez puestos, Helena y su padre bailan un poco en el salón para aliviar la molestia causada por la estimulación. Después del baile, Helena ya casi no nota los calcetines.
Para aumentar el umbral de tolerancia de Helena a los estímulos táctiles, jugamos con las tablas táctiles Build N’ Balance®. La invitamos a recorrer un circuito que empieza por la tabla que le resulta más agradable y termina por la que menos le gusta. Durante el juego, le pedimos que recorra las tablas de distintas maneras y que describa cómo percibe cada superficie en cada ocasión. El ejercicio le da a Helena una sensación de control, lo que evita la sobreestimulación.
La terapia ofrece a los padres ideas para estimular el tacto en casa de forma lúdica y positiva.
Bastan cinco sesiones. Jugar con sus sensaciones y ejercitar sus habilidades motrices mediante actividades descalza forman ahora parte de su rutina diaria antes de cenar.
Ahora las mañanas de la familia son más tranquilas gracias a una rutina estable. Y, como Helena llega puntual al colegio, aún queda tiempo para un abrazo antes de que suene el timbre.

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